jueves, 30 de mayo de 2013

Capítulo 7.


Y así se hicieron cerca de las 6 de la tarde. Mirian y yo ya estabamos preparadas, dispuestas a salir. 
Seguía mosqueada, pero por lo menos ya podía mantener una conversación "normal" con ella sin reprocharla nada.

El caso es que fuimos, ya os digo que era un camino largo desde mi casa hasta la suya. Más o menos 25 minutos después estabamos allí, a la carretera Forthlin número 20.
Llamé, él salió, nos saludó e invito a pasar.
No hicimos gran cosa durante la primera media hora. Poco después llegó George. Bueno, George e Inés.
Espera, ¿qué? Eso de no ver a la banda en varios dias no hacía bien. Ya no sabía nada de nadie.
¿Estaban juntos? No, al parecer no.
Pero vamos, el típico tonteo se "te doy, me das. Te llamo imbecil, ne llamas idiota. Y acabamos en risas." lo había. Se notaba a leguas.
Decidimos ir al hospital los cinco, esperando que no fuese demasiado tarde. 
Genial, pasamos perfectamente y ademas Neus estaba despierta.
De nuevo, muero de amor.
Lo tendríais que ver. Neus con el niño en brazos, tumbada en la cama con la típica bata que te dan en el hospital cuando ingresas.
John tenía la mirada iluminada y una sonrisa resplandeciente. Y Julian, bueno, Julian estaba escondidito entre los brazos de Neus.
Resumiendo, hermoso.
Asique estuvimos allí un rato. Que si cojer al niño, que si "presentarle a la familia"...
Hasta que nos echaron. Cerca de las 21:30 cerraba el horario de visitas, por lo que nos tuvimos que ir.
Decidimos buscar un restaurante cercano, y no se como, por arte de magia, Ringo apareció.
-¡RITCHIEE!- gritó George al verle.
"Anda mira, Michie y Ritchie. Ya tienen algo en común. Bravo." Pensé yo.
Me levanté a saludarle con una sonrisa, no debía pagar con él que una de mis mejores amigas de la infancia me abandonara... POR ÉL.
Un tanto irónico.
Al final, entramos al restaurante después de unos codazos y risas con Mirian de pique (míos).
Empezamos a cenar, ya era tarde. Asique no me quiero imaginar cuando acabamos. 
Todos bebieron un poco más de la cuenta. Sí, me incluyo.
Asique el tonteo excesivo empezó, de nuevo.
Acabaría escupiendo arcoiris si seguía ahí, asique decidí salir fuera y Paul, me acompañó.
Sacó una caja de tabaco del bolsillo, se encendió un cigarro y me ofreció otro. Llevaba 53 días sin fumar, y lo acepté.
Me miró sorprendido.
-¿Por qué lo has cogido? ¿Fumas?
+Se suponía que no, per...- otra voz interrumpió la conversación. Una voz desconocida que se cruzaba delante de nosotros y se paró en seco.
-Tú... Tú... Tú eres... Eres... -tartamudeaba.
Se trataba de una chica, más o menos de mi edad. Llevaba una cámara colgada del cuello.
Por su infinita cara de felicidad, supuse que era una fan. Una de las mías.
-El... El... El bajista de los Beatles... Paul...- igual, seguía sin poder hablar apenas.
+Hola. -dijo él con una sonrisa de oreja a oreja.
La chica lo abrazó, le pidió una foto, un autografo y se marcho dando saltitos de felicidad.
+¡WOW!- exclamé.- Ya se nota vuestro talento.
-Solo es una...
+¡DOS! ¿Yo no soy nada o qué?- dije riendo.
-Bueno, dos...- intentaba disimular una sonrisa.
+Pues esto en un tiempo será un escándalo. Os reconocerán por todo el mundo. Sereis realmente famosos, no podreís montar en autobús. Las fans os arrancarán la ropa cada vez que se crucen con los Beatles. Y lo mejor de todo; Pasarán los años y seguireis siendo recordados como uno de los mejores grupos de la historia, por no decir el mejor. Seguro.
Paul permaneció en silencio, mirandome sin pestañear mientras yo sonreía enormemente.
-¿Si, no? ¿Y qué más?- dijo con un tono un tanto sarcástico.- No somos para tanto, un grupo normal. John tiene mucha fé en la banda. Si, es cierto que ya hemos conseguido varios contratos pero, ¿tanto? Es exagerado.
+Si tú lo dices. Pero yo también creo en vosotros.
-¿Y qué es eso de qué las fans nos arranquen la ropa?- rió.
+Ya verás. Seguro. Yo lo haría.- reí.
Se llevo una mano a la cara riendo, como disimulando lo que acababa de escuchar.
Ahí salieron Mirian, Ringo, George e Inés.
NO. Los habíamos dejado de parejitas. CATÁSTROFE.
Otra noche hasta las 5 sola.
Seguí hablando con Paul mientras abandonabamos ese restaurante para volver ya a casa.
Andamos un rato. Ringo, Mirian, Ine y George iban andando un poco más retrasados que nosotros, aunque permaneciamos callados para escuchar.
Todo eran; risas, risas, risas, risas. Silencio, risas disimuladas.
Paul y yo nos giramos instantaneamente. 
¿Adivinad qué? No, no eran mi amiga y el batería. 
George, derrepente se habia lanzado a los labios de Inés, y ahi estaban, besándose. Mientras Mirian y Ringo mirandoles boquiabiertos igual que yo.
Paul rió y solo añadió; "Este George, es un vividor..."
Los cuatro reimos a la par, y ahí les dejamos. Solos.
Al fin ya en casa, deseando irme a dormir. Estaba agotada, la anterior noche apenas habia dormido y hoy tenía las piernas matadas.
Saludé a mi madre, prepare las camas y me dormí rapidamente.
No creo que Michie tardara mucho, bajo los efectos del alcohol, si no estabas mareado es facil coger el sueño, asique estuvimos muertas hasta la mañana siguiente.
Que mi madre entrara gritando, y nosotras de resaca. Perfecto.

miércoles, 29 de mayo de 2013

Capítulo 6.

Ya era la mañana siguiente del gran... No se como llamarlo, fue todo demasiado extraño. Aunque, el nacimiento de una criatura nueva siempre es algo que celebrar.
Me levanté de un salto y rapidamente me puse a vestirme. Intenté hacer el menor ruido posible para no despertar a Mirian pero parece ser que tenía un sentido del oído sobrehumano.
-¿Que haces? -dijo sin ganas mientras se revolvía el pelo con los ojos a medio abrir.
+Nada, tú duermete... O vete con Ringo, y abandoname otra vez, como más desees... -dije con un tono un tanto irónico.
-¿Otra vez? Ya te he pedido perdón.
+Vale, que sí. Que tengo prisa.
-¿Donde vas? ¿Ha pasado algo?
+No se...
-¿Te puedo acompañar?
+Haz lo que quieras, pero hay que andar un rato.
-Vale, da igual.
Se levantó, estaba en ropa de calle. ¿Habia dormido con ello? Ni idea, pero ayer estaba tan enfadada que no me molesté en ofecerla pijama.
Nos terminamos de preparar y nos diasponiamos a salir. Eran cerca de las 8 de la mañana, por lo que mi madre estaba dormida. La deje una nota de que nos habiamos ido a hacer footting.
Salimos, yo iba a ritmo rápido y ella me intentaba seguir.
-¿No me piensas dirigir la palabra estos dos días que todavía me quedan aquí?
Me encogí de hombros.
+Supuestamente, "venías aquí para estar conmigo". Yo tambien puedo mentir.
Puso los ojos en blanco.
-Lo siento Paula, ya te dije que ese hombre me atraía mucho. No se, no me pude resistir.
+Si a mi eso me da igual, no es lo que más me importa.
-¿Entonces?
+Pues... La imagen que das de las fans. Vale, los Beatles ahora no tienen mucha fama. Pero no queremos parecer una groupies todas...
-Oye, que tú con Paul no te cortas nada.
Reí irónicamente a lo bestia.
+¿Perdona? ¿Yo me he acostado con Paul? No. ¿En cuanto le vi quise violarlo? Sí, pero no lo hice, le respeté. Apenas le he besado, llevo días sin verle, no he hecho nada.- recalqué ese "nada".
-Pero lo harás, y entonces no me podrás decir nada.
+Uy, alomejor para cuando consiga un beso de Paul apenas nos hablamos. Ya vas demostrando la pasta de la que estás hecha.
-Piensa lo que quieras... Yo ya te pedí perdón.
No dije más de ese tema. Estabamos ya cerca de la casa de John, pero todo parecía intacto desde ayer, aunque no sabía si estarían o no.
Llame, espere. Nada.
Volví a llamar... Nadie.
Solté aire estresada y empecé a andar camino al hospital más cercano. No la dije nada a Michie, ella me siguió. Y yo seguía pensando en mis cosas.
Al fin llegamos, pregunté por los nombres en la recepción.
¡BINGO! Allí estaban.
Sonreí de oreja a oreja y subí rápidamente a la habitación.
Llamé con suavidad, abrí un poco la puerta y asomé levemente la cabeza.
-¿Se puede?- susurré.
John me hizo un gesto con la cabeza para que pasara. Mirian pasó detrás.
John estaba sentado en un pequeño sillón que había, con el niño en brazos. Neus estaba dormida en la cama, no se inmutaba de nada. Y de pie, practicamente detrás de la puerta, Paul.
-Anda, una amiga nueva. ¿Quién es? -dijo Paul con su tipica sonrisa.
+Mirian, pero no te acerques mucho, que clava las garras.
-¿Qué?- dijo riendo.
+Nada...-dije avanzando hacia John.
Mirian suspiró y no dijo nada. Paul siguió riendo estre dientes.
John era una monada con ese chiquitín en brazos. Al parecer le habian llamado Julian. Estaba dormidito, acurrucado en sus brazos.
Una monada.
Me dijo que lo más seguro esque le dieran el alta mañana. Me dejo cogerle en brazos, era tiernísimo. No se, moría de amor.
Pasó un rato. Decidimos irnos los tres, pues Neus empezaba a revolverse en la cama, por el ruido, y tenía que descansar.
Asique los dejamos en el hospital a ambos y Paul, Mirian y yo salimos.
(Ahora empezaré a poner los nombres en los diálogos porque con guiones y sumas será muy complicado con tres personas)
PMC: ¿Y como tanto tiempo sin verte?
P: No se, no sabía nada de tí. Como apenas tengo tu número, ni tu dirección, ni nada.
PMC: ¿Sabes que hay una guía telefónica?- dijo riendo
P: Si, puff... Pero a saber donde está.
PMC: Pues si quieres quedar esta tarde.
P: Oh, si, claro. Pero tendría que venir ella.
Michie permanecía en silencio. Yo la señale con la mirada, y ella me dió un codazo cuando me dijo de quedar. Puse los ojos en blanco.
PMC: Bueno, no importa. ¿Como quedamos? Si quereis venir a mi casa.- sonrió
P: Por mi perfecto.
M: Por mí también, no hay ningún problema.
Asique fuimos en dirección a la casa de Macca. Si me lo apuntaba en un papel no serviría de nada. Me perdería por las calles de Liverpool y eso que vivía ahí desde que era una enana. Pero mi memoria era inexistente.
Asique llegamos a su casa. Era enorme, al menos comparada con la mía. También era un bajo. John de nuevo, se reiría de ese juego de palabras.
Asique llegamos, nos invitó a pasar. Martha corrió a la puerta a recibirle.
Más cuqui. El caso esque no nos entretuvimos mucho allí.
Mi madre era muy desconfiada. No me vio aparecer ayer por la noche por casa, y ahora cuando se levantara igual. Seguro que pensaría que pasé la noche fuera y empezaría a preguntar. Y no.
Asique fuimos a casa, no dijo gran cosa. Excepto porque fuimos a hacer footting en ropa corriente, en vez de chandal.
No hicimos nada interesante, después comimos, vimos la tele.
Ya quedaban pocas horas para cuando habíamos quedado con Paul.

_______________________
Nota de la "escritora";
Dejé este capítulo a medias porque veía que se me alargaba mucho, por eso lo dividí en este y en el 7.
Sé que las fechas (1961) no encajan perfectamente, pues Ringo no se unió hasta el 62, pero más tarde vereis una de las razones por las que lo hice. :3
Espero que os guste, y gracias a todos por vuestro ánimo.
Sois los mejores. :')

sábado, 25 de mayo de 2013

Capítulo 5.

Estaba sin palabras, apenas sabía que hacer. Neus se había puesto de parto y yo era la única que estaba allí, que podía ayudarla.
Miles de ideas pasaban por mi cabeza. ¿Que hacía? ¿A quién avisaba? ¿Qué la diría a mi madre cuando me pregunte por qué llegué tan tarde? ¿Y Mirian? ¿Y Ringo? ¿Y John?
Todos esos pensamientos pasaban por mi cabeza a una velocidad extrema, apenas podía pestañear.
Neus estaba paralizada en la cocina, seguía mirando el charco de agua que bañaba la mitad de la cocina.
-Paula...- dijo
Volví en mi misma, revolví un poco la cabeza y la respondí como pude.
+¿S... Si...?
-Vete a avisar a John....
+No, pero ¿como te voy a dejar aquí? ¿Sola?
-Tú vete, sabes dónde está. Yo todavía tardaré, supongo. Aún ni he empezado a dilatar...
Estaba alucinando. Estaba apunto de parir y lo único que quería era que fuera a por Lennon.
No dije nada, pero si la pasaba algo en mi ausencia, no me lo perdonaría. La tumbé en el sofá con dificultades y rápidamente salí en busca del padre.
Apenas tardé 10 minutos en llegar a the Cavern, no se como lo hice, pero lo hice.
Llegué, John estaba en la barra. Ringo y mi amiga seguían "desaparecidos", no busqué mucho más, cogí a John de la muñeca y le saqué rápidamente del local.
-¿Qué pasa!?- me gritaba sorprendido.- ¿A qué viene esto?
+Dentro de unos momentos serás definitivamente padre, la fiesta puede esperar...- dije sin apenas mirarle a la cara. Seguía andando directa mientras el se negaba a seguirme el ritmo.
-¿¡QUÉ SE ME HA PUESTO DE PARTO?!
+Si John, sí.- dije con el aliento un poco sofocado. Era muy difícil andar, hablar, y empujarle del brazo para que camine a la vez.
Al fin se dio cuenta del asunto y empezó a caminar, más o menos, rápido. No paraba de hacerme preguntas, "¿Cómo ha sido?, ¿qué ha pasado?, ¿por qué no te has quedado con ella?". No me molesté en darle grandes respuestas, no era lo que más me preocupaba.
Al fin llegamos, Neus estaba completamente sudorosa y sofocada. Supongo que las contracciones ya habrían empezado. John se tiró de rodillas delante del sofá, y la agarró fuertemente las manos. Tartamudeaba, no sé, supongo que en parte no se creía que ya fuera padre, tan joven.
Ellos dos fueron al hospital, me dijeron que yo marchara a casa, que era tarde, muy pequeña, y gracias por todo.
Acepté, mi madre me mataría, pero no estaba pensando en eso. Entre que Michie no aparecería por casa cuando estaba a "mi responsabilidad", que Neus estaba de parto y demás, como para pensar en el castigo.
Alivio, estaba dormida. mejor que no se enterara de nada, o empezaría a hacer preguntas.
Me tumbé en mi cama, pasaban las horas y yo seguía con "insomnio". Ya llegaron cerca de las 5 de la mañana.
No sé si lo sabéis ya, pero mi casa, era un pequeño bajo con jardín, por lo que mi habitación daba a una ventana. Dieron unos pequeños golpes en el cristal y me sobresalté, obviamente.
Que raro, era Mirian... Abrí suavemente la ventana.
-¿Que quieres?- la dije pesadamente
+Pues... Tengo que dormir aquí... -bajo la cabeza con cara de niña buena. Apenas me lo podía creer, ¿esa era mi Mirian? Costaba creérmelo.
La tuve que dejar pasar, por obligación, o responsabilidad, o ambas cosas.
No la dije nada, ella me pidió perdón y me lo explico un poco por encima. No atendí ni respondí, estaba muy mosqueada.
Por suerte, eso era ya una preocupación menos, pero ahora quedaban John y Neus.
Esta nerviosísima, ya me había comido todas las uñas de las manos, tomado dos tés, incluso había fumado, y eso que llevaba meses y mese que lo había dejado. Pero nada, seguía sin poder parar de mover las piernas.
No podía hacer nada, ni salir de casa, ni llamar... Nada.
Me tumbé en la cama, miré al techo y apagué la luz, suspiré.
+Buenas noches...- me dijo tímidamente, sabía que estaba enfadada.
-Hasta mañana. -respondí seria.
A las 9 entró en primer rayo de luz por la ventana, era bastante pronto para lo que solía acostumbrar.
Estaba dispuesta a dirigirme rápidamente al hospital, pero no sabía nada.
¿Habitación? ¿Planta? Es más, ¿estaba segura del hospital en el qué se encontraban? ¿O si habían dormido allí?
No tenía idea de nada, pero tenía que encontrarles. Como fuese.

lunes, 6 de mayo de 2013

Capítulo 3.

Al día siguiente conseguí despertarme sola antes de que mi madre entrara, como siempre a voces, para llamarme.
Me acerqué a la cocina y empecé a prepararme el desayuno. Ella estaba ya haciendo la comida.
-¿Como tan tarde ayer?
+Ya lo sabes, estuve en the Cavern. ¿Me oiste llegar?
-Si, hija. Sabes que no concilio el sueño si sé que no estas en casa.
+Tranquila, estuve bien.
Durante unos minutos reinó el silencio en mi cocina, lo único que rompía ese silencio era el crujido de mis galletas al morderlas. Rezaba para que no me dijiera nada de Paul. Pero nada.
-Por cierto, ¿quién era ese chico que te acompaño ayer?
+Le conocí ayer, mamá. Somos amigos. Esque, también le gustan los Beatles...- reí entre dientes después de aquellas palabras.
-¿Ah, si? Pues hablando de Beatles... Ese chico me recordaba al... ¿Bajista es, no? ¿Paul McCartney?
Me sonrojé muchisimo, y de nuevo, puse esa sonrisa tonta.
+No sé, si tú lo dices...
Ahí zanjé la conversación. Recogí el desayuno y regresé a mi dormitorio. Tenía que prepararme y pasear a Lola. Estaba deseosa de ver a Martha otra vez, supongo, que ya sabreis por qué.
Pero, como ya imaginaba, no ocurrió nada. No había señales de Paul.
Y así pasaban los días, como las gaviotas del poema de Becquer. No sabía nada de Paul, ni del grupo. Apenas sabía donde vivía, por lo que no había otro remedio que esperar.
Al fin, un día en la comida, mi madre me comentó que había llegado una carta para mí, aunque no había remitente.
Sin pensarlo, terminé la comida. Rapidamente fuí en busca de la carta, iba con los dedos cruzados rezando para que fuera suya.
Y sí. Lo era.
"Querida Paula;
Estos días estuve buscando una pequeña sorpresa que recordé cuando me dijiste que querías aprender a tocar el bajo.
Sé que no es gran cosa, pero me lo dieron cuando compré el mío y lo guardé. Espero que no haya caducado."
Venía adjunto un pequeño boleto que anunciaba que, en una pequeña tienda de instrumentos de Londres. Al presentar ese papel, te hacían un treinta por ciento de descuento en cualquier intrumento de cuerda. Y claramente, me hizo muchísima ilusión.
Prosiguió;
"De todas formas llevamos varios días sin vernos. No sabía donde encontrar tu dirección exacta, no lo recordaba del día que te acompañé. Hemos quedado el miércoles, (no sé que día recibirás esta carta) nos pasaremos por la heladería de Mathew Street cerca de las seis.
Espero verte, iremos todos. Supongo.
Con cariño,
Paul McCartney xxx"
Moría de amor. No me cabía en la cabeza que se hubiera molestado tantísimo. Ya no solo en buscar el detalle del bajo, si no en encontrar mi dirección y mandarlo. Para poco, me había invitado a ir a tomar algo por ahí, aunque fuera con el resto, yo daba saltitos de ilusión.
Obviamente, me alegraba lo mismo quedar con Paul, que quedar con los Beatles. Como ya sabréis, para mí eran LOS BEATLES. Mayúscula, subrayado, cursiva, negrita, y demás superlativos.
Por suerte recibí la carta justo el día indicado.
Hoy era miércoles, hoy era el día. Hoy les vería.
No la dije nada a mi madre, la dí una explicación tonta para poder salir esta tarde.
Que una vieja amiga me había llamado para ir al cine, y no lo iba a rechazar.
Al fin, cinco de la tarde.
Empecé a prepararme. No me arreglé demasiado, no quería preguntas incomodas de mi madre.
El caso que me acerqué a la heladería, rapidamente les divisé.
Saludé desde la puerta, estaban los cuatro.
Los cuatro y Neus, con esa chica todavía no había tenido ninguna clase de conversación todavía, pero parecía simpatica, por lo que "casualmente" me senté al lado de ella. Pero antes saludé a todos, la educación es lo primero.
Pidieron varios batidos y unos cuantos helados. Yo fuí la única que pidió un gofre de chocolate. Aunque no tardaron mucho en robarme pequeños pedacitos en cuanto me distraía.
El caso que conseguí conversación con Neus.
-Hola, yo soy Neus, la novia de John.- me sonrió alegremente, por lo que me demostró confianza.
-Encantada, yo soy Paula. Novia de nadie.- reí, aunque ella me miro extrañanente entre risas.
-¿Paul no es nadie?
+¿Qué? ¿A que te refieres? Yo no estoy con Paul...
-¿Ah, no?- sonrió y se encogió de hombros- No se, os ví tan juntitos el otro día.
+Que va, que va, si apenas nos conocemos, casi.- dije riendo, un poco ruborizada.
Empezamos a hablar de nuestras cosas. Estudios, anecdotas, familia y demás, pero derrepente los chicos rompieron en risas. Bueno, no todos. George estaba completamente rojo, escondiendo la cabeza entre los hombros, mientras reía timidamente.
Todos le empezaron a dar codazos, como diciendole algo, aunque yo no entendía nada.
-¿Que se han tomado?- pregunté a Neus sorprendidísima.
-¿Ves a esa chica que acaba de entrar, que está en la barra pidiendo?- asentí- Pues verás, es Inés. El amor oculto y platónico de George.
Reí suavemente, el pobre George estaba deseando que la tierra le tragase en ese momento.
-¿Y como pueden ser estos tan cabrones?- la dije bromeando.
-No se, supongo que será la forma de llamar su atención y así acercarla a George...
No dije nada más, quería observar la escena, pues, aunque George estuviera flipando, era bastante cómica.
Ringo soltó el típico silvido de piropeo cuando Inés se dirigía a una mesa, donde deberían de estar, al parecer, sus amigas.
Ella se dió por aludida, Ringo disimuló y George, fue el único tonto que miró a ver si respondía o no. Para mala suerte, ella le vió, rió entre dientes y se sentó como si nada.
-¿¡Pero vosotros sois tontos!?- dijo George al resto con tono de broma.
-Pero George, si lo hacemos por tí.- intervino Paul.
-¡Claro! Nosotros te queremos George.- John, mientras le despeinaba.
-¡SIIII! ¡QUE SEAS FELIIZ!- dijo Ringo, completamente sonriente, a punto de estallar de risa.
A la vez, todos le dieron un abrazo, un tanto irónico para evitar, o por lo menos disimular, el enfado de George, aunque este se estaba riendo también.
El caso es que pasó un rato, todavía era pronto y no había nada que hacer, por lo que pedimos otros batidos.
Inés y sus amigas se levantaron, dejaron los vasos en la barra y se disponían a salir.
El silencio reinó en mi mesa, todos miraban a George. Él sonrió y se levantó a la vez que decía; "Voy a hacerlo."
Inés estaba la última, sus amigas ya habían salido por la puerta y ella, estaba a punto.
-¡Espera!- dijo George, la cogió de.la muñeca, para girarla hacia él.
Inés no entendía nada, pero respondío con una sonrisa.
+¿Sí?
-Veras... Mis amigos, los de antes, son tarados, pero que si te querrías venir un rato con nosotros, no hay problema.
Se le notaban los nervios en la voz, tartamudeaba y se rascaba la cabeza, dejando muchas pausas en la conversación.
Inés rió suavemente y recorió a George con la mirada. Se encogió de hombros y sonrió.
+Hoy me va a costar mucho, pero otro día no hay problema. ¿Tu eres...?
George sonrió de oreja a oreja y respondió.
-George, George Harrison. Encantado.- la dió dos besos, seguía completamente sonriente, pero con muchos menos nervios.- ¿Y como te puedo localizar otro día?
+Mmmmhh... Pues, llamáme.
Ella sacó un boligrafo del bolso y le escribió su número en el antebrazo.
+Bueno, yo soy Inés. -dijo entre risas.- Espera, que se marchan mis amigas... Perdona, ya hablamos. Adiós.
Salió de la heladería mientras George se acercaba a la mesa, mirando su antebrazo con una sonrisa, y se sentó.
-Hecho.- dijo.
Los otros tres le aplaudieron suavemente, mientras Neus y yo observabamos la escena riendo.
Pasó un rato, parecía que ya habia empezado a caerles bien, pues me trataban como una más.
Todos teníamos conversación con todos, y lo adoraba.
Ya se hizo tarde, y empezaba a anochecer, por lo que nos fuimos.
Cogí mucha confianza con Neus, nos dimos nuestros numeros y quedamos en llamarnos. Ya no solo ella y yo, si no el resto de la banda.
Seguía sin apenas creérmelo todavía.
Nadie me acompaño aquel día, no había motivos, por lo que andé sola un buen rato, aunque completamente feliz.
El resto de personal que iba por la calle me miraba de todo tipo, algunos como diciendo "Vaya juventud, cada día estan peor. Ya les ves hasta riendo solos por la calle.", mientras que por el contrario, otros con los que te cruzabas y te veían con esa sonrisa, te respondían con otra, aunque fueran unos completos desconocidos, y seguían su camino.
Ya llegué a casa, "todo muy bien" para mi madre, "echaba mucho de menos a esa chica" la decía.
Sabía que si no se mosquearía. No la gustaría un pelo eso de verme con chicos, y menos mayores que yo.
En sí por la imagen que mi padre nos dió hacia la figura masculina, la cual algun día contaré. Aunque no esque me de mucha felicidad ese tipo de recuerdos...
No hice nada en especial. Cené, leí y a dormir.
Mañana sería un nuevo día, mañana podría quedar de nuevo con ellos. Ojalá sea así. Todo depende de una llamada telefónica.

domingo, 5 de mayo de 2013

Capítulo 2.

Al fin, sábado, nueve y media de la noche. Tenía que empezar a prepararme, hoy era el gran día que iría a The Cavern.
Estaba nerviosa, sentía cosquillas por todo el cuerpo, y en gran parte, temía que esos nervios me jugaran una mala pasada.
Sí. Sudor.
Supongo que gasté la mitad del desodorante, y la otra mitad de perfume. Pero la ocasión lo merecía.
Llevaba un vestido no muy ajustado, de color azul cian, tirando a tonos oscuros. Caía sobre un hombro, y se ensanchaba poco a poco hasta un poco antes de la altura de las rodillas.
Aparte llevaba unas manoletinas negras, no era muy partidaría del tacón, y menos para ir a the Cavern.
También me planché el pelo, y me hice un moño no muy alto, dejando suelto unos mechones, que caían sobre los hombros.
-¿Donde vas tan arreglada?- me preguntó mi madre al salir de mi dormitorio.
+A The Cavern mamá, ya te lo dije. Hoy actuaban los Beatles.
No sabía a que hora regresaría, por lo que no añadí nada más.
Cogí dinero, y salí rumbo a la Caverna.
Llegué allí, por desgracia con un poco de retraso, por lo que la actuación había empezado, y tuve que sentarme en la quinta fila.
Estuvieron sobre el escenario aproxinadamente una hora, después comenzaron a recoger los instrumentos.
Me levanté del asiento desilusionada. Paul apenas se había inmutado de que yo estaba allí, por lo que me disponía a abandonar el local.
-¡PERO SI HAS VENIDO!- oí desde el escenario.- No te he visto en toda la actuación, no pensaba verte.
Me giré emocionada, estaba ahí. A la orilla del escenario, sonriéndome.
Avancé varios pasos hacia él y levante la mirada.
+Te prometí que vendría, ¿no?
Rió suavemente y me invitó a subir a los Back-Stage, donde se encontraban los demás.
-Mirad, esta es... -me miró.
+Paula,me llamo Paula. -sonreí.
-Ah, bien. Paula, estos son... -interrumpí.
+George, Ringo y John, sí les conozco.
Todos me mostraron una sonrisa al instante.
-Vaya, sabes de lo que hablas, eh. Encantado, yo soy Ringo.- dijo entre risas y a continuación me dió dos besos.
George hizo lo mismo, aunque siguió recogiendo el material.
John me miraba con una sonrisa traviesa, intercambiaría pensamientos con Paul, o algo así. Pues yo no entendía nada.
-Asique Paula, ¿eh?- rió levemente y miró a Paul picaramente. -Paul-a... Ahora entiendo todo...
Asentí ruborizada, encogiendome vergonzosamente de hombros.
+Si prefieres llamarme así.- dije entre risas.
-Bueno, cuéntame algo de tí, tendré que saber si eres buena para mi Paulie.
Paul abrió los ojos como platos y le dió un suave golpe en el hombro.
-¡PERO JOHN!- le dijo riendo. -¿Estás tonto? No le digas esas cosas, que la asustas. -siguió riendo.
Yo estaba completamente roja, tartamudeé, empecé a sudar un poco, bueno, no recuerdo bien si fue solo un poco.
-Ah... Eh... Pues, me gustan muchas cosas. La fotografía, el dibujo, la lectura... Pero la música, la música corre por mis venas.
Ambos me miraron sonrientes, supongo que me entenderían en ese tema.
Paul me contestó con una gran sonrisa.
-Ah, ¿si? Genial. ¿Y tocas algun instrumento?
+Ojalá, sé tocar malamente la guitarra. Aunque siempre deseé tocar el bajo.
John, como es normal en él, interrumpió con una broma.
- Pues Paul te puede enseñar a tocar el bajo. Bueno, todos los tipos de "bajos" que tú quieras tocar. -dijo riendo practicamente a carcajadas.
Paul se llevo una mano a la cara riendo, y le pego una colleja.
-¿¡PERO TE QUIERES CALLAR YA?!
John asintió con la cabeza intentando disimular que se seguía riendo enormemente, y se alejo de nosotros.
-Dejale, es tonto...- dije suspirando mientras calmaba una leve risa.
+No, tranquilo, todos necesitamos al típico amigo que nos haga reir.
Le sonreí. Él se fue con los demás. Me quedé apartada, no parecía que a ninguno le interesara hablar conmigo.
John se acercó, desde atrás.
-Primera prueba superada, pero tendrás que hacer más cosas para arrebatarme a McCartney. - rió.
Negué con la cabeza, sonriendole enormemente, aunque me quedé callada mientras se juntaba a los demás.
Pasó más o menos media hora, y yo estuve ojeando un poco, la parte oculta de The Cavern. Lo que se escondía detras del escenario.
No tardaron mucho en avisarme de que ya nos ibamos a casa.
Por fin, salimos fuera. En the Cavern había un ambiente muy cargado, por lo que, efectivamente, salí sudando.
Fuera estabamos George, Ringo, John, Paul y yo, aunque había una chica, no la había visto antes.
Paul me comentó que era Neus, la novia de John.
Me llamó realmente la atención, pues parecía joven, pero tenía mucho vientre, por lo que pensé que estaba embarazada.
Llegamos de camino a una especie de punto intermedio entre todos nosotros.
John y Neus se fueron por una calle, George por otra y Ringo por otra.
-Parece que nos abandonan...- me dijo Paul riendo.
-Sí, parece que sí. Y ahora te tengo que abandonar yo también. Si no llego a casa me matarán.- reí.
-¿Quieres que te acompañe? A sí si te dicen algo, no será tan duro si ven que vas sola...
Le miré con una sonrisa tímida, y obviamente, acepté.
Mi casa estaría a unos 20 minutos andando, por lo que no tuvimos mucho rato para hablar.
No fué nada especial. Hablamos de la banda, de nuestras aficiones, y poco más.
Llegamos a mi casa, me dejó en la puerta y me despidió.
-¿Asique vives aquí? Pues si necesito una alumna de clases de bajo ya sé donde acudir.
Reí, intoducí las llaves en la cerradura, y entre en casa.
-Hasta otro día, Paul.
+Buenas noches, nos vemos.
Echó a andar y yo entré en casa, me quité los zapatos para hacer menos ruido. Reinaba el silencio, por lo que rapidamente fui a la habitación.
Me cambié y me tiré en la cama, me dormí rapidamente.
Tantas emociones había que asimilarlas, aunque, claramente, me dormí mirando alguna de esas fotos que estaban en las paredes de mi cuarto.

sábado, 4 de mayo de 2013

Capítulo 1.

Era un día completamente normal. Un simple día rutinario más por las tierras de Liverpool en fechas primaverales, sobre 1961. Eran cerca de las diez de la mañana, por lo que en esos momentos, yo estaría completamente dormida. Mi madre no tardaría mucho en entrar a voces para que me despierte.
Exactamente, cerca de tres minutos después, entró, levantó la persiana de un tirón:
-¡VAMOS, YA SON HORAS!- gritó -¡TIENES QUE PASEAR A LA LOLA!
Lola era mi perrita, un cocker negro de cuatro añitos.
-Sí mamá, cinco minutos.
-Pero cinco eh, ni uno más.
Pasaron esos cinco minutos y me desperté. Solía despertarme con una sonrisa porque, por suerte, tenia las paredes de mi habitación cubiertas de fotos, recortes de revistas, carteles... etc, de The Beatles. De las pocas que había conseguido pues en 1961, apenas habían tocado varias veces en the Cavern y viajar a Hamburgo.
El caso esque fuí a desayunar, me vestí y saque a la Lola.
Era un día bastante caluroso y soleado, raramente en Liverpool encontrabas ese tiempo, con lo que aproveche a lucir mi camiseta, de los Beatles obviamente. Ya que dos días después tocaban en the Cavern.
Todo marchaba perfectamente, hacía buen día, las calles estaban tranquilas, y el sol relucía, por lo que me extrañó que mi perra se alterara.
Resulta que otra perrita. Bueno, mejor dicho perra, se acercaba hacia nosotras.
Era bastante grande, con mucho pelo y de tonos grisaceos a la par que marrones. Al parecer, se llamaba "Martha", pues su dueño iba detrás de ella llamandola así.
Esa voz me resultó familiar, no recordaba de que, pero lo sabía.
Levanté la mirada y ahí estaba. Era él, él con su traje negro, su camisa blanca, su corbata y, como no, sus botines negros con tacón cubano.
Mi mirada se iluminó y una sonrisa resplandecía en mi cara.
Él miró mi camiseta y rió entre dientes.
-Vaya, ¿te gustan los Beatles?
A eso solo pude asentir rapidamente con la cabeza y él, parece ser que notó mis nervios.
-Creo que vamos a actuar pasado mañana en the Cavern. ¿Te quieres pasar?
-Si, claro. ¿Como no? No me lo perdería.
Supongo que mientras dije eso tartamudeé varias veces, pues mi pulso estaba bastante acelerado y mi sonrisa iba aumentando por momentos.
-Perfecto, pues pasate por allí alrededor de las once de la noche, ¿vale?
-Por supuesto, no faltaré.
El sonrió, llamó a Martha, que ya había congeniado con mi perrita y siguió su camino.
Entré en casa, imagino que con la típica sonrisa tonta de enamorada. Moría por contarselo a alguien. Pero no, me tomarían por loca.
Entre en mi habitación, miré la estantería. Mi pequeño tocadiscos estaba ahí, intacto desde el día que lo compré.
Me acerqué y sople un poco para quitarle la capa de polvo que lo cubría.
-Volvemos a vernos, viejo amigo.- Me dije a mi misma.
Busqué mi LP de "The Beatles with Tony Sheridan.", lo limpie un poco con un paño y lo puse a sonar.
Cuando grabaron ese LP aún no estaba Ringo, actual batería. Pero, era de lo poco que ahora mismo se podía escuchar de ellos, y me encantaba.
Recuerdo que ese LP me costó sangre, sudor y lágrimas conseguirlo. Bueno, eso es exagerado. Pero recuerdo que les traían de Hamburgo cuando fueron de gira, y ahí yo no tenía dinero. Hice maravillas para conseguir las quince libras que pedían por él, pero las conseguí.
Me tiré en la cama, a observar sus fotos, que colgaban en mi pared mientras "My Bonnie" sonaba por el amplificador.
Estaba deseosa del sábado por la tarde, y hoy solo era jueves por la mañana, y Liverpool, era bastante aburrido.
Yo seguía contando las horas que me quedaban para ir a the Cavern, y verles, a ellos, a él. Otra vez.

Presentación.

Bueno, esto es un fanfic como otro cualquiera. No tengo muchas experiencias como escritora, asique perdonadme si tengo los típicos fallos de novata.
La historia, como es normal, se situara en los años 60, aunque al comienzo del fanfic todavía no haya comenzado la "Beatlemanía".
Los que me conocen lo entenderán perfectamente, como es normal, por arte de magia mi vida girará alrededor de the Beatles, y como no, pasarán cosas con mi gran amor platónico Paul, por eso los primeros capítulos, principalmente tratarán de como le conocí a él y, en general, a la banda. 
Aviso con antelación, en mis días románticos puedo ser insopartable. Asique si en algún momento alargo demasiado alguna escena de algún capítulo, perdonadme.
Algunos personajes, la gran mayoría, se puede decir que son "inventados". Pues Lee, Neus e Inés a desgracia nuestra, nunca estaremos con John, Paul, George y Ringo, apenas vivimos en esa época. 
Incluyo a esas tres chicas en esa historia porque tenemos nuestras tramas con más fanfics y, por decirlo así, se lo debo.
Espero que las guste, y aparte de ellas, ójala que me lea más gente. 
Por cierto, si algo no os gusta, o tenéis algún problema o tal, avisad. Pero sin insultar, eh. ;)