viernes, 26 de julio de 2013

'La novela más realista.' Beatles España.

Bueno, empiezo. Sé que esta entrada no tiene nada que ver con la historia del fanfic, pero para mí era necesario escribirlo.
Para empezar, el domingo 21 de julio, en la radio de Beatles España FM, me anunciaron como la ganadora del concurso de fanfics a la 'novela más realista', algo que no por ser modesta, pero creo que no merezco.
La verdad es que me ha alegrado muchísimo, me ha dado fuerzas y ánimo para seguir escribiendo, nunca pensé que se me diera bien la escritura, aunque siempre fui muy aficionada al mundo de las letras, tanto lectura como escritura.
Además esta ha sido mi primera experiencia como escritora, y haber conseguido ese premio es una auténtica satisfacción. Realmente no se como agradecerlo. Es algo muy, muy, muy grande, de veras. Mil gracias a Eva Lennon, al menos así la conocemos, por ello.
También, como no, muchísimos agradecimientos a los lectores. Mejor dicho, lectoras, creo que todavía no me lee ningún chico.
Todo los mensajes de apoyo, los ánimos, los "te recomendaré, escribes muy bien", las impaciencias para que sigas con el fanfic, los comentarios, las visitas... Todo eso me da una fuerza inimaginable. Realmente os debo muchísimo, pues esto me da mucha felicidad y es una manera de estar cumpliendo un sueño.
Realmente, os debo una bien grande. Y otra vez, muchísimas gracias.

Paula McCartney.

P.D.: Por si alguna lector no lo sabe, Beatles España es un pequeño club de fans que luchan por la oficialidad con una serie de propósitos con Paul y Ringo. Tienen radio, concursos, noticias, blog... Así que seáis de España o no, ¡uniros! Toda pequeña ayuda es un paso más para alcanzar la meta. Además también suben noticias de otros países como de Sudamérica. Vamos, uniros, que no os cuesta nada, es gratis, Y AYUDÁIS A LA BEATLEMANÍA. Muchas gracias. :3
Podéis registraros aquí; Beatles España


sábado, 13 de julio de 2013

Capítulo 16.

Paul no dijo nada más después de aquello. En cuanto terminamos el desayuno preparamos unas pocas cosas para llevar a Brighton, la playa más cercana a Londres.
Un poco de ropa de abrigo, dinero y no gran cosa más.
Salimos cerca de las once de Londres, por lo que sobre las doce y media estaríamos en nuestro destino.
La radio seguía sin funcionar pero hoy el ambiente estuvo un poco más alegre. Era como el autobús de unos niños pequeños cuando iban de excursión. Cantamos, reímos y demás, por lo que el viaje.se hizo más corto.
Finalmente, llegamos a Brighton. Allí dimos una vuelta por el paseo marítimo, miramos algunos puestos que había por allí y después nos dirigimos a un restaurante para comer.
De momento no había ocurrido nada soprendente, por lo que seguía inquieta frente a la actitud de John. Según pasaban las horas, sus nervios también aumentaba, pero nadie seguía sin saber por qué, y Paul continuaba sin decir una palabra aunque al parecer, comprendía perfectamente de que iba todo.
De todas maneras, lo dejamos pasar. En algún momento sabríamos que pasaba.
Así, fuimos finalmente al restaurante. Estaba ambientando en el estilo escocés, que le daba un toque muy único para el lugar en el que se encontaba. Aunque sinceramente, era muy llamativo a la vez que acogedor.
Nos entretuvimos allí un rato entre risas, comida y cervezas. Todo el mundo era muy alegre, así que había que aprovecharlo.
A lo tonto se nos pasó en tiempo volando, ya eran cerca de las cinco.
John y Paul se miraban continuamente. McCartney le sonreía mientras Lennon lo respondía con impacientes suspiros.
George e Inés tampoco parecían muy enterados, por lo que planeabamos supuestos motivos para el estrés de John.
Neus estaba más o menos igual que nosotros, pero a diferencia nuestra, ella debía de conocer más a Lennon, por lo que no mostraba tanta preocupación.
Poco a poco, entre una cosa y la otra llegaron más o menos las ocho de la tarde, y estaba empezando a anochecer.
Fuimos a la playa, supongo que todo eso era parte del plan de ambos, pero ninguno nos negamos en ir. Al parecer, teníamos un instinto cotilla que nos obligaba a seguirles el rollo.
Llegamos a la playa despues de andar un poco a través del paseo marítimo. Yo siempre adoraba el sonido de las olas y la textura de la arena de la playa, por lo que en una especie de acto reflejo, me quité las zapatillas y empecé a jugar levantando la arena mientras andaba metida completamente en mis pensamientos.
Ese momento en que haces todo por inercia, sin apenas pensarlo.
Oía las voces de los demas a la vez que el ruido del mar al romper en la orilla, pero no lo prestaba atención y seguía caminando mirando al suelo.
De repente algo me detuvo, Paul me agarró de la muñeca y me hizo retroceder varios pasos hacia ellos, en ese monento volví en mí y lo único que oí decir a Inés fué;
-¿¡QUÉ JOHN VA A HACER QUÉ!?
Se le plantó una cara póker, Paul rió suavemente mientras colocaba el dedo indice verticalmente sobre sus labios para indicarla que guardaramos silencio y miró al horizonte.
Yo seguí esa mirada, resulta que John y Neus se habían adelantado bastante a nosotros y no llegué a ver como fué el momento por completo, pero con visualizar eso poco, ya era suficiente para morir de amor.
Imaginad, el Sol anaranjado esta a poca altura del horizonte, difuminado entre unas suaves nubes. El sonido de las olas de fondo y dos pequeñas siluetas que se percibian entre la arena. Las respectivas de John y Neus.
Yo no pude contemplar como empezó, pero Lennon estaba de rodillas frente a Neus, y apenas unos segundos después, ésta saltó a sus brazos.
Me quedé boquiabierta.
-Le ha... Le ha...- tartamudeaba sin poder dejar de mirarlos.
-Le ha pedido matrimonio...- intervino Macca con una gran sonrisa.
En ese momento mi rostro cambió, pasé a estar boquiabierta a que se me colocara una sonrisa tonta de enamorada en la cara.
Así pasó bastante rato. George, Inés, Paul y yo nos sentamos en el.sitio desde que los contemplábamos hasta que los enamorados volvieran para allí.
Aunque en ese momento casi ni se los percibía porque el Sol casi se había puesto completamente y no había mucha luz.
Paul se tumbó en la arena encima de la chaqueta negra que había extendido antes mirando al cielo, y empezó a tararear "Sweet Georgia Brown", una de esas canciones que tenían con Tony Sheridan. Algo que no era de extrañar es que George le siguiera. Acabo siendo muy gracioso porque al final uno no sabía si hacía la voz solista o los coros, y se perdieron varias veces mientras reían a carcajadas.
Inés y yo conocíamos la canción. No sé ella, pero yo era demasiado tímida como para ponerme a cantar una canción que en parte habían hecho suya, además de que mi voz no era muy... Agradable al cantar. Por lo que les seguimos malamente mientras los otros dos seguían en su momento romántico al lado del mar.
Por fin, después de un rato ambos volvieron. Se podría decir que únicamente volvieron físicamente pues la mente aparentaba que la tenían en las nubes. Y con razón.
Les felicitamos un poco, tal, cual y les dejamos a su bola, John en estado acaramelado podía ser estresante. ¿Adorable? Sí, pero muy estresante. Al menos para mí, pues es muy dificil despertar a la Paula cursi que llevo dentro.
Poco después de salir de la playa decidimos regresar de nuevo a Londres, ya se estaba haciendo tarde y en Brighton no teníamos donde dormir.
Llegamos allí cerca de las diez de la noche, aunque nada más pisar la casa Paul empezó a marearnos de un lado para otro hasta que dejaramos la casa libre para John y Neus, cosa que también era comprensible.
Así, Ine, George, Paul y yo decidimos acercarnos al centro de la ciudad. A esas horas, ya un poco tarde, daba gusto andar por Londres. No había exceso de personas, ni de coches, ni de ruidos. Todo era más tranquilo, y con menos tensión.
Fuimos a una pequeña bocatería que se encontraba cerca de una plaza donde al parecer, al día siguiente habría un mercado de segunda mano. Al menos, eso era lo que informaban los carteles de casi todas las calles cercanas.
Allí hablamos un poco de todo, de lo que harían en Hamburgo, de cuanto tiempo estarían, que si intentarían grabar algo, y tal.
El caso es que empezaron a contar un montón de anécdotas sobre su viaje anterior en Alemania.
Que expulsaron a George por ser menor, que les acusaron de incendiar la habitación donde se hospedaban, que Paul roncaba mucho, que les pillaron quemando preservativos... Vamos, lo normal. (Nótese la ironía.) Pero bueno, así es la adolescencia, ¿no?
Lo que a mi me extrañó es que les concedieran permiso para volver a pisar Alemania, pero mientras eso les ayudase, todo perfecto.
Las horas se pasaban bastante rápidas en ese entorno. Por lo que, antes de que quisiéramos darnos cuenta, ya eran la una y media de la madrugada.
Macca miró en reloj, rió suavemente y dijo que entre que llegabamos y demás "ya les valía haber terminado".
Más o menos tres cuartos de hora después llegamos a la casa rural. Sí que había silencio aunque John se había levantado a por un vaso de agua.
-¿Qué? ¿Bien?- dijo Paul en cuanto lo vió riendo.
-Tú cállate, qué te apareas como los conejos.- Lennon riendo a carcajadas
-Pero, ¿¡John!?- McCartney no sabía si reir o llorar, pero practimente estaba llorando de la risa- Ni digas esas cosas, por Dios.
-Es cierto, -prosiguió entre risas- no puedes vivir sin sexo. ¿O acaso no te acuerdas de lo que paso el Hamburgo?- le echó una mirada furtiva a Paul mientras aguantaba una leve risa, al igual que él.
-Lo de Hamburgo fué a los dos, así que ssshh...- rió suavemente.
George, Inés y yo estabamos paralizados en el salón contemplando la escena.
Yo me decidí en preguntar a George.
-¿Que se supone que pasó en Hamburgo?
Es ese momento Lennon y McCartney, que seguían riendo, se giraron asesinamente hacia Harrison.
-¡NI DIGAS NADA!- a coro.
George rió y negó con la cabeza, no dijo nada respecto a eso, solo añadió que acabarían desvelándolo estando bajo los efectos del alcohol.
John al final se fué a dormir, igual que George. Paul e Inés no mostraban ningun síntoma de cansancio, así que mientras uno veía la televisión, la otra se entretenía encendiendo el fuego de la chimenea y observándolo desde cerca.
Yo me senté en el sillón y Paul en el sofá. Mi mirada estaba perdida, miraba al frente y no apartaba la vista de un mismo punto, pero no sabía por qué. Estaba en ese estado de "dormida con los ojos abiertos".
Macca chiqueó los dedos delante de mi nariz y yo salté levemente en el sillón.
-Vete a dormir...- dijo Paul señalando la habitación.
-No, es tu habitación. Yo puedo aguantar un poco más.
-Y dale, vamos.- me cogio de brazo y me levantó del sillón, me empezó a empujar levemente de los hombros hasta que llegué a la puerta del dormitorio, allí me pegó un pequeño empujón más, me dejó en medio de la habitación. Me dió un rápido beso en la mejilla.- Ale, hasta mañana. Buenas noches.-  salió de allí cerrando rapidamente la puerta.
-¿Sabes qué?- grite suavemente desde dentro.- Tengo tu bajo, y tu guitarra...- reí.
En ese momento abrió un poco la puerta y asomó la cabeza. Me miraba intentando leer mis pensamientos y yo aguantaba la risa. Él rió, estiró el brazo y alcanzó el mástil de su bajo.
-Aaadiós.- dijo mientras se llevaba el bajo riendo, y cerró de nuevo la puerta.
Lo dí por imposible, así que decidí acostarme definitivamente, y me dormí casi al momento.
A la mañana siguiente todos dormíamos pero alguién llamaba impacientemente al timbre, y ninguno de nosotros esperaba visita.

domingo, 7 de julio de 2013

Capítulo 15.

Me giré atónita hacia ella. Estaba boquiabierta, ¿por qué tenía que pasar justo en ese momento, por aquella calle?
El destino me debería de odiar, o algo de eso.
Me acerqué a ella tartamudeando mientras los demás ignoraban mi situación y continuaban metiendo las maletas en el coche.
-Ma.. Mamá… ¿Qué, qué pasa?
-¿Estos son con los que vas a ir a Londres?- miró con curiosidad a ellos, pero al parecer no se daba cuenta de quiénes eran.
-Sí, sí… Ya lo ves…
-¿Tan malo era contármelo?
-No pensaba que me fueras a creer…- bajé la cabeza.
-¿Por qué no te iba a creer? Acaso no son… -los miró- Espera, ¿qué?
La miré vergonzosamente, ya se había dado cuenta de que para mí no eran como cualquier otro “amigo normal”.
-¿Esos no son los que…? Los que a ti te gustan tanto. Ya sabes…
-Los Beatles.- interrumpí.- ¿entiendes ya mi emoción?
-Sí, es comprensible, pero… Me da miedo…
-¿A qué te refieres?
-Que a ver lo que haces, hija.
-¿Qué?
-Ya lo sabes, pero bueno, te dí permiso, así que no te lo estropearé ahora. Pásalo bien, y no hagas tonterías. No quiero sorpresas.
-Mamá, por favor…- solté aire y me despedí sin ganas.
Ella me despidió con la mano mientras yo me metí en el coche.
Solo había un pequeño problema, éramos seis personas y sólo había cinco asientos. Esperamos que no hubiera ningún “problema” en el camino. Control de tráfico y esas cosas, porque entonces todo se complicaría.
Sin más, decidimos partir. Paul conducía, y John fue el afortunado que estuvo en el lugar del copiloto. Atrás, no me explico como George, Neus , Inés y yo no nos asfixiamos en el camino. Hacía calor, apenas había sitio, estaba anocheciendo y la radio del coche no funcionaba. De todas maneras, si no moríamos por asfixia, sería por aburrimiento.
Si no recuerdo mal fueron tres horas de viaje, más un pequeño descanso de cuarto de hora en una carretera del camino.
Al fin llegamos a Londres, la casa rural estaba un poco alejada del centro, por allí apenas había tráfico o el ruido contínuo tan molesto que puede provocar un exceso de personal.
Eran dos plantas, el bajo que trataba simplemente de la entrada, con una gran puerta de madera en forma de arco que daba un toque muy acogedor desde un primer momento, una pequeña sala que hacía como entrada, pues tenía poco más de un pechero. Y las escaleras que subían a la segunda planta. Nada más terminar de subir las escaleras, igualmente había una puerta de madera, esta era más pequeña y menos rígida.
Al entrar había un pequeño pasillo que iba a ambos lados de la casa. A la derecha se encontraban todas las habitaciones, y a la izquierda un gran salón, pegado a una cocina que tenía la barra americana, por lo que prácticamente eran la misma sala.
La casa muy acogedora y luminosa, al menos daba esa sensación pues había un gran ventanal en el salón que daba al un balcón, situado junto encima de la puerta de la entrada. Respecto a la decoración, era simple. Un sofá, una televisión y una cocina completamente normal. Lo único que destacaba era una pequeña chimenea situada entre la televisión y el ventanal. Las habitaciones no eran muy grandes, eran simples, con una pequeña cama y un armario, aparte de otra pequeña ventana. Como ya os digo, aparentaba ser bastante luminosa, aunque a aquellas horas era de noche y apenas se se podía comprobar.
George, Neus y yo fuimos directos a tirarnos al sofá. Tres horas estando sentado, parecía que no, pero era agotador.
John y Paul se acercaron a la cocina y abrieron unas cervezas que era de lo poco que quedaba en esos momentos a mano para tomar, sin tener que abrir todas las maletas.
Inés directamente se fue a la cama. No dijo gran cosa aparte de que estaba agotada y que si era necesario la llamaramos, pero ojalá no.
A todos nos sorprendió un tanto, pues Inés solía ser bastante animada y dispuesta a hacer sacrificios por pasarlo bien un rato. John sacó los bocatas que quedaban en una bolsa y nos lanzó tres al sofá. Comimos un poco y después de todo, sí que empezamos a ordenar un poco todo. Dejamos todo lo de la cocina preparado, y unas cuantas mantas y sábanas para dormir.
Más tarde nos sentamos en el sofá y vimos un poco la tele.
George decidió acostarse ya, y poco después Neus.
John, Paul y yo continuabamos en el salón, yo moría de sueño pero como tenía que dormir en el sofá (por mucho que Macca se negara) había que esperar.
Empezaron a chismosear entre ellos disimulando malamente para que no oyese nada.
-¿Qué hacéis?- dije para romper esa burbuja que habían formado donde estaba marginada.
-Nada.- dijeron a coro recobrando la compostura mientras aguantaban la risa.
-Eh, secretos no. Decid.- reí levemente.
John aguantó hasta que no pudo más y me respondió con una gran sonrisa.
-Mañana será un buen día.
-¿Y eso?- sonreí ampliamente.
-Ah... Ya lo veras...- rió levemente y saltó del sofá.- Bueno, yo me voy a dormir. Buenas noches, parejita. Paul, acuérdate de lo que hemos hablado, eh.- le miró riendo y se metió en la habitación.
Paul seguía ahí, veía como me estaba quedando dormida pero no se movía para que yo me fuera al sofá.
Al fin, después de súplicas y algún que otro soborno y pacto, se fué a la habitación y yo caí redonda tapada con una pequeña manta encima.
A la mañana siguiente, cerca de las nueve de la mañana reinaba el silencio en la casa, todos dormíamos pero claro, Lennon y McCartney, para variar, habían planeado la broma de bienvenida.
A mí, me despertaron con agua. A George e Inés, con un cucharon y una olla a base de golpes. Y bueno, Neus fue la afortunada que oyó a John levantarse y se despertó él.
Empezamos a desayunar, a ninguno le había sentado mal la broma, aunque Inés seguía cabizbaja y continuaba sin explicar por qué.
Al final, Paul explicó que nos acercaríamos a una de las playas mas cercanas a Londres, aunque habría que coger de nuevo el coche si queríamos ver mar.
Le pregunté a Paul a que se debía, pues no era lo que teníamos planeado, y parecía ser el único enterado.
Me dijo que mirase a John, aparentaba más nervios de lo normal, pero también mostraba una alegría desbordante.
-¿Qué pasa?- sonreí.
+Simplemente, John...

Capítulo 14.

Ella se quedo mirándome, yo seguía siendo incapaz de realizar cualquier gesto, continuaba ahí, quieta.
-¿Qué haces con una maleta? ¿Pretendías escaparte?
-Ahhhh… Ehh…- tartamudeaba.
¿Qué podia decir en esos momentos? Nada. Fuera lo que fuese lo que saliera por mi boca me haría meter la pata.
Me rasqué la cabeza nerviosa, ella dé por echo que sí, que me iba a “escapar”, por lo que empezó a gritar y echarme la bronca mientras me señalaba agresivamente la puerta de mi dormitorio.
Castigada.
Castigadísima.
No dije nada en un buen rato.  Permanecí allí en silencio, sentada en la cama con la cabeza apoyada sobre mis piernas flexionadas.
Tenía la mente en blanco, tampoco es que oudiera pensar gran cosa sobre lo que podía hacer, ya que no había nada que hacer.
Se hizo la una de la tarde, mi estómago rugía y vergonzosamente me dirigí a la cocina.
Mi madre estaba allí, haciendo la comida pero solamente para una persona. Abría el frigorífico sin decir palabra, cogí un poco de tortilla que sobró del día anterior y me dispuse a calentarlo.
-¿No piensas darme explicaciones?- dijo irónicamente sin apenas mirarme a la cara.
-Si te las diera continuarías sin creerme.- respondí cabizbaja.
-Apenas lo has intentado.
-¿Y? Ya te conozco, llevamos diecisiete años juntas, ¿recuerdas?
-Exactamente por esa razón, me extraña mucho que intentaras hacer lo que has hecho.
-Mamá…
-Mamá nada. Vete despidiéndote, porque no vas a ver la luz del Sol en bastante tiempo.
-Necesito ir a Lond…
Interrumpió riendo irónicamente. Bufé y me marché furiosa a mi dormitorio. Esa furia rápidamente se convirtió en llanto. No exactamente de tristeza, que también. Si no de rabia, de impotencia.
De no poderla decir lo que significaba aquel viaje para mí, de no poder gritarla, o simplemente, huir.
Acabé poniendo entre lágrimas, de nuevo, su LP.
Ya que, al parecer no escucharía su voz después de mucho tiempo, tendría que refugiarme en eso.
La maleta seguía hecha junto a la puerta de la habitación. No había ganas, ni fuerzas para deshacerla .
En ese momento entró mi madre, no se que se la pasaría por la cabeza, pero se sentó a mi lado aunque yo apenas la dirigí la mirada.
-Paula, entiéndelo._ comenzó a hablar, a pesar de que yo intentaba demostrar que no escuchaba.- El domingo llegaste bebida a casa, últimamente sales mucho más, llegas tarde, no me cuentas nada. Apenas sé con quien vas, o donde, o cualquier cosa, y me pides que te deje ir a Londres. No sé, pero lo extraño sería que te dejase ir.
-No lo entiendes.- la dije a la par que negaba con la cabeza.
-Sí, sí lo entiendo, yo también he sido jover, hija.
-Cállate.
-No, no me voy a call...- la interrumpí gritando. Me levanté furiosa de la cama.
-Sí, mamá, cállate. Cuando tú “eras joven” estábamos en plena Guerra Mundia. Por suerte, yo no. Yo soy “libre”, si se puede decir así. No quiero quedarme encerrada toda mi vida en un piso de ochenta metros cuadrados. Quiero vivir, disfrutar, saber que es la adolescencia. Todavía no lo he podido saber desde que se fue papá. Y solo te pido que esta vez, una vez, me des una muestra de confianza. Ya te pedí perdçon por lo del sábado, pero si lo nocesitas de nuevo, perdón, pero síguemelo recordando. Algún día tendré trabajo, y puede que familia, ¿y sabes qué? Ahí mi adolescencia habrá terminado. Sólo te estoy pidiendo cuatro días, CUATRO. Pero haz lo que quieras, tú no pudiste disfrutar de tu vida, y ahora, lo pagas conmigo. Muchas gracias mamá, muchas gracias.

Tenía la respiración acelerada y los ojos llorosos después de haberla dicho aquello. Puede que algunas cosas no las pensara de verdad, pero ya se sabe. Muchas veces, en los momentos tensos dices cosas que no deseas, y yo por desgracia, tenía ese defecto muy “desarrollado”.
Ella me miraba quieta desde la cama, estaba pálida. No dije nada y agache la cabeza.
-Paula… Tan, tan, ¿tan importante es para ti?
-Sí mamá, ni te imaginas cuanto.
-Pero…- sontó aire- hacemos una cosa.
Sonreí, sonreí enormemente. Sabía que mi madre, en el momento en el que empezaba a hacer pactos, la partida estaba ganada.
-Te permito ir a Londres, con la condición de que cuando vuelvas me digas quienes son tus nuevos amigos.
Salté de alegría, Cogí la maleta y me dirigí a la entrada en prácticamente unos segudos. Rápidamente la dí un beso en la mejilla aceleradamente y me despedí.
-Vale, mil gracias mamá. No te defraudaré, en serio. ¡GRACIAS! Chao.
Corrí directa a la calle. Supongo que ya fuera, pegaría un pequeño salto de emoción, la gente me miraría como si estuviese loca pero, en esos momentos era lo que menos me importaba.
Fui rápidamente a casa de Paul y llamé impaciente al timbre con una sonrisa de oreja a oreja.
-Aiba, no te esperaba tan pronto.- sonrió.
-Créeme, mejor venir ahora y no esperar y que cambié de opinión.- dije mientras reía suavemente.
-Bueno, en ese caso, pasa.
Pasé, estaba todo más ordenado y recogido de como yo lo recordaba. Había una pequeña maleta contra la pared que estaba junto a la puerta del salor, acompañada de una guitarra y el bajo.
-Me debes un bajo.- le dije riendo.
-¿No me lo vas a dejar de recordar nunca?- rió.- Sí, me dormí, pero no fui el único, eh.
-Ya, pero si tú me hubieses dado conversación yo no me hubiera dormido.- le dije con tono de pique.
-El problema no fue que te durmieses, fue que no mirarás el viaje del autobús.- me sacó la lengua.
-Es que eres tonto.- reí.
-¿Pero qué he hecho yo ahora?
-Me debes un bajo, y punto.- seguí riendo.
Ya dejamos ese tema, preferimos ir a comer por ahí pues no había ganas de cocinar, ni mucho menos de rebuscar en las maletas.
Fuimos de camino a una bocatería, resulta que allí estaban John y Neus, estaban en la barra esperando, no se si a que les atendieran, o a que les cobraran, pero no se inmutaron de que Paul y yo habíamos entrado por la puerta.
-Ho...- me disponía a saludar pero Paul me tapó la boca con la mano para que me callara.
Fue sigilosamente detreas de John sin que este se enterara, Neus le vió, rió suavemente y disimuló que Macca no estaba ahí.
Lennon seguía a lo suyo, hablaba sin esperar lo más mínimo que Paul le fuera a hacer. Así, de repente, este le levantó el poco pelo que le caía sobre la frente y le despeinó aquel típico pelo a lo “teddy boy”.
John odiaba que le tocaran el pelo, y mucho más que lo despeinases, por lo que tuvo una especie de ira. Al parecer, estos dos hombres tenían telepatía, pues John, sin apenas verle se giró gritando.
-¡PAAAUUUUUL! Te mato, ven aquí.- extendió la mano hacia el cabello de Paul- Eres completamente subnormal- reía mientras continuaba intentando despeinar al otro y este lo esquivaba.
John acabo estresado, no gran cosa, pero lo suficiente como para tener que salir a fumar.
-¡ÉSTA TE LA GUARDO!- dijo riendo a Paul desde la puerta de salida antes de salir a encenderse un cigarro.
De repente apareció el camarero con aproximadamente siete bocatas envueltos en papel de aluminio.
-¿Y todo esto?- la pregunté a Neus sorprendida.
-Ah, es que John estaba seguro de que Paul no iba a ser capaz de llegar a Londres de un tirón y compro esto de cena.
-¿A comprado la cena?- dijo Paul riendo.- Y yo despeinándole…
Se acercó a la puerta donde John debería de estar fumando y se oyó gritar un “¡AMOR MÍO!” y un montón de risas.
Miré a Neus con cara de sorpresa mientras reía, ella me dijo que entre ellos dos era normal, por lo que me debería de ir acostumbrando.
Paul y John tardaron en entrar, y para “romper el hielo”, saqué tema de conversación con Neus.
-Bueno, ¿y qué vamos a hacer cuando lleguemos?
-Imagino que llegaremos tarde asi que cada uno hará lo que quiera. Paul estará cansado de conducir y se quedará a dormir, supongo. Pero los demás, ni idea de lo que haremos.
-Jo, ¿y por qué no aprovechamos y lo dejamos todo preparado allí?
-Eso se hará mañana por la mañana.
-No creo..- reí.
-¿Por?
-Porque si hoy salís mañana estaréis de resaca, y no creo que apetezca mucho deshacer maletas.
-También es cierto…- rió.- Ay, no se si te lo hemos dicho. Hay un pequeño problema…
-¿Qué pasá?- la miré extrañada.
-Pues… Solo hay tres habitaciones, cinco camas en total. Un litera, y dos de matrimonio. Bueno, y el sofá creo que se abré.
-¿Y?
-Pues… Una somos John y yo, la litera es para George e Inés, y…
-…-insití.
-¿Quién se queda la cama libre, tú o Paul?
-Paul, obviamente. Yo he venido casi de gratis así que no le pienso dejar en el sofá. No pasa nada, son tres noches, no me moriré.
-Pero tampoco es eso..
-Que sí, que no pasa nada. No importa, de veras.- sonreí.
-Bueno, ya se verá. No vas a estar tres días durmiendo en el sofá.
-Que sí, pero bueno, ya se verá.- sonrió.
En ese momento, John y Paul entraron, se sentaron a una de las mesas más cercanas a la puerta nada más entrar y nos hicieron un gesto de que nos acercaramos.
Comimos un poco, y como no había nada que hacer, decidimos acompañar a Neus y John a por sus maletas, y así luego sería más fácil todo.
Poco a poco pasó la tarde. Por fin eran cerca de las siete y George apareció ya por la casa de Paul. Inés se retrasó un poco más.
Ringo, bueno, Ringo ya sabemos que no nos acompañaría en este viaje, pero de todas formas John le llamó para comprobar si estaba seguro que se lo quisiese perder.
Al parecer sí, aunque prometió que se intentaría pasar algún día por allí.
Todo iba bien, ya era hora de marchar, así que empezamos a meter las maletas en el coche. Me disponía a sentarme en el asiento de atrás cuando de repente una voz gritó con sorpresa mi nombre.
-¡PAULA!
¿Adivináis quién era? Mi madre.