Ella se quedo mirándome, yo seguía
siendo incapaz de realizar cualquier gesto, continuaba ahí, quieta.
-¿Qué haces con una maleta? ¿Pretendías
escaparte?
-Ahhhh… Ehh…- tartamudeaba.
¿Qué podia decir en esos momentos? Nada.
Fuera lo que fuese lo que
saliera por mi boca me haría meter la pata.
Me rasqué la
cabeza nerviosa, ella dé por echo que sí, que me iba a “escapar”, por lo que
empezó a gritar y echarme la bronca mientras me señalaba agresivamente la
puerta de mi dormitorio.
Castigada.
Castigadísima.
No dije nada en
un buen rato. Permanecí allí en silencio,
sentada en la cama con la cabeza apoyada sobre mis piernas flexionadas.
Tenía la mente en
blanco, tampoco es que oudiera pensar gran cosa sobre lo que podía hacer, ya
que no había nada que hacer.
Se hizo la una de
la tarde, mi estómago rugía y vergonzosamente me dirigí a la cocina.
Mi madre estaba
allí, haciendo la comida pero solamente para una persona. Abría el frigorífico
sin decir palabra, cogí un poco de tortilla que sobró del día anterior y me
dispuse a calentarlo.
-¿No piensas
darme explicaciones?- dijo irónicamente sin apenas mirarme a la cara.
-Si te las diera
continuarías sin creerme.- respondí cabizbaja.
-Apenas lo has
intentado.
-¿Y? Ya te
conozco, llevamos diecisiete años juntas, ¿recuerdas?
-Exactamente por
esa razón, me extraña mucho que intentaras hacer lo que has hecho.
-Mamá…
-Mamá nada. Vete
despidiéndote, porque no vas a ver la luz del Sol en bastante tiempo.
-Necesito ir a
Lond…
Interrumpió
riendo irónicamente. Bufé y me marché furiosa a mi dormitorio. Esa furia
rápidamente se convirtió en llanto. No exactamente de tristeza, que también. Si
no de rabia, de impotencia.
De no poderla
decir lo que significaba aquel viaje para mí, de no poder gritarla, o
simplemente, huir.
Acabé poniendo
entre lágrimas, de nuevo, su LP.
Ya que, al parecer
no escucharía su voz después de mucho tiempo, tendría que refugiarme en eso.
La maleta seguía
hecha junto a la puerta de la habitación. No había ganas, ni fuerzas para
deshacerla .
En ese momento
entró mi madre, no se que se la pasaría por la cabeza, pero se sentó a mi lado
aunque yo apenas la dirigí la mirada.
-Paula,
entiéndelo._ comenzó a hablar, a pesar de que yo intentaba demostrar que no
escuchaba.- El domingo llegaste bebida a casa, últimamente sales mucho más,
llegas tarde, no me cuentas nada. Apenas sé con quien vas, o donde, o cualquier
cosa, y me pides que te deje ir a Londres. No sé, pero lo extraño sería que te
dejase ir.
-No lo
entiendes.- la dije a la par que negaba con la cabeza.
-Sí, sí lo
entiendo, yo también he sido jover, hija.
-Cállate.
-No, no me voy a
call...- la interrumpí gritando. Me levanté furiosa de la cama.
-Sí, mamá,
cállate. Cuando tú “eras joven” estábamos en plena Guerra Mundia. Por suerte,
yo no. Yo soy “libre”, si se puede decir así. No quiero quedarme encerrada toda
mi vida en un piso de ochenta metros cuadrados. Quiero vivir, disfrutar, saber
que es la adolescencia. Todavía no lo he podido saber desde que se fue papá. Y
solo te pido que esta vez, una vez, me des una muestra de confianza. Ya te pedí
perdçon por lo del sábado, pero si lo nocesitas de nuevo, perdón, pero
síguemelo recordando. Algún día tendré trabajo, y puede que familia, ¿y sabes
qué? Ahí mi adolescencia habrá terminado. Sólo te estoy pidiendo cuatro días,
CUATRO. Pero haz lo que quieras, tú no pudiste disfrutar de tu vida, y ahora,
lo pagas conmigo. Muchas gracias mamá, muchas gracias.
Tenía la respiración acelerada y los ojos llorosos después de haberla
dicho aquello. Puede que algunas cosas no las pensara de verdad, pero ya se
sabe. Muchas veces, en los momentos tensos dices cosas que no deseas, y yo por
desgracia, tenía ese defecto muy “desarrollado”.
Ella me miraba quieta desde la cama, estaba pálida. No dije nada y
agache la cabeza.
-Paula… Tan, tan, ¿tan importante es para ti?
-Sí mamá, ni te imaginas cuanto.
-Pero…- sontó aire- hacemos una cosa.
Sonreí, sonreí enormemente. Sabía que mi madre, en el momento en el
que empezaba a hacer pactos, la partida estaba ganada.
-Te permito ir a Londres, con la condición de que cuando vuelvas me
digas quienes son tus nuevos amigos.
Salté de alegría, Cogí la maleta y me dirigí a la entrada en
prácticamente unos segudos. Rápidamente la dí un beso en la mejilla
aceleradamente y me despedí.
-Vale, mil gracias mamá. No te defraudaré, en serio. ¡GRACIAS! Chao.
Corrí directa a la calle. Supongo que ya fuera, pegaría un pequeño
salto de emoción, la gente me miraría como si estuviese loca pero, en esos
momentos era lo que menos me importaba.
Fui rápidamente a casa de Paul y llamé impaciente al timbre con una
sonrisa de oreja a oreja.
-Aiba, no te esperaba tan pronto.- sonrió.
-Créeme, mejor venir ahora y no esperar y que cambié de opinión.- dije
mientras reía suavemente.
-Bueno, en ese caso, pasa.
Pasé, estaba todo más ordenado y recogido de como yo lo recordaba. Había
una pequeña maleta contra la pared que estaba junto a la puerta del salor,
acompañada de una guitarra y el bajo.
-Me debes un bajo.- le dije riendo.
-¿No me lo vas a dejar de recordar nunca?- rió.- Sí, me dormí, pero no
fui el único, eh.
-Ya, pero si tú me hubieses dado conversación yo no me hubiera
dormido.- le dije con tono de pique.
-El problema no fue que te durmieses, fue que no mirarás el viaje del
autobús.- me sacó la lengua.
-Es que eres tonto.- reí.
-¿Pero qué he hecho yo ahora?
-Me debes un bajo, y punto.- seguí riendo.
Ya dejamos ese tema, preferimos ir a comer por ahí pues no había ganas
de cocinar, ni mucho menos de rebuscar en las maletas.
Fuimos de camino a una bocatería, resulta que allí estaban John y
Neus, estaban en la barra esperando, no se si a que les atendieran, o a que les
cobraran, pero no se inmutaron de que Paul y yo habíamos entrado por la puerta.
-Ho...- me disponía a saludar pero Paul me tapó la boca con la mano
para que me callara.
Fue sigilosamente detreas de John sin que este se enterara, Neus le
vió, rió suavemente y disimuló que Macca no estaba ahí.
Lennon seguía a lo suyo, hablaba sin esperar lo más mínimo que Paul le
fuera a hacer. Así, de repente, este le levantó el poco pelo que le caía sobre
la frente y le despeinó aquel típico pelo a lo “teddy boy”.
John odiaba que le tocaran el pelo, y mucho más que lo despeinases,
por lo que tuvo una especie de ira. Al parecer, estos dos hombres tenían
telepatía, pues John, sin apenas verle se giró gritando.
-¡PAAAUUUUUL! Te mato, ven aquí.- extendió la mano hacia el cabello de
Paul- Eres completamente subnormal- reía mientras continuaba intentando
despeinar al otro y este lo esquivaba.
John acabo estresado, no gran cosa, pero lo suficiente como para tener
que salir a fumar.
-¡ÉSTA TE LA GUARDO!- dijo riendo a Paul desde la puerta de salida
antes de salir a encenderse un cigarro.
De repente apareció el camarero con aproximadamente siete bocatas
envueltos en papel de aluminio.
-¿Y todo esto?- la pregunté a Neus sorprendida.
-Ah, es que John estaba seguro de que Paul no iba a ser capaz de
llegar a Londres de un tirón y compro esto de cena.
-¿A comprado la cena?- dijo Paul riendo.- Y yo despeinándole…
Se acercó a la puerta donde John debería de estar fumando y se oyó
gritar un “¡AMOR MÍO!” y un montón de risas.
Miré a Neus con cara de sorpresa mientras reía, ella me dijo que entre
ellos dos era normal, por lo que me debería de ir acostumbrando.
Paul y John tardaron en entrar, y para “romper el hielo”, saqué tema
de conversación con Neus.
-Bueno, ¿y qué vamos a hacer cuando lleguemos?
-Imagino que llegaremos tarde asi que cada uno hará lo que quiera.
Paul estará cansado de conducir y se quedará a dormir, supongo. Pero los demás,
ni idea de lo que haremos.
-Jo, ¿y por qué no aprovechamos y lo dejamos todo preparado allí?
-Eso se hará mañana por la mañana.
-No creo..- reí.
-¿Por?
-Porque si hoy salís mañana estaréis de resaca, y no creo que apetezca
mucho deshacer maletas.
-También es cierto…- rió.- Ay, no se si te lo hemos dicho. Hay un pequeño
problema…
-¿Qué pasá?- la miré extrañada.
-Pues… Solo hay tres habitaciones, cinco camas en total. Un litera, y
dos de matrimonio. Bueno, y el sofá creo que se abré.
-¿Y?
-Pues… Una somos John y yo, la litera es para George e Inés, y…
-…-insití.
-¿Quién se queda la cama libre, tú o Paul?
-Paul, obviamente. Yo he venido casi de gratis así que no le pienso
dejar en el sofá. No pasa nada, son tres noches, no me moriré.
-Pero tampoco es eso..
-Que sí, que no pasa nada. No importa, de veras.- sonreí.
-Bueno, ya se verá. No vas a estar tres días durmiendo en el sofá.
-Que sí, pero bueno, ya se verá.- sonrió.
En ese momento, John y Paul entraron, se sentaron a una de las mesas
más cercanas a la puerta nada más entrar y nos hicieron un gesto de que nos
acercaramos.
Comimos un poco, y como no había nada que hacer, decidimos acompañar a
Neus y John a por sus maletas, y así luego sería más fácil todo.
Poco a poco pasó la tarde. Por fin eran cerca de las siete y George
apareció ya por la casa de Paul. Inés se retrasó un poco más.
Ringo, bueno, Ringo ya sabemos que no nos acompañaría en este viaje,
pero de todas formas John le llamó para comprobar si estaba seguro que se lo
quisiese perder.
Al parecer sí, aunque prometió que se intentaría pasar algún día por
allí.
Todo iba bien, ya era hora de marchar, así que empezamos a meter las
maletas en el coche. Me disponía a sentarme en el asiento de atrás cuando de
repente una voz gritó con sorpresa mi nombre.
-¡PAULA!
¿Adivináis quién era? Mi madre.