domingo, 7 de julio de 2013

Capítulo 14.

Ella se quedo mirándome, yo seguía siendo incapaz de realizar cualquier gesto, continuaba ahí, quieta.
-¿Qué haces con una maleta? ¿Pretendías escaparte?
-Ahhhh… Ehh…- tartamudeaba.
¿Qué podia decir en esos momentos? Nada. Fuera lo que fuese lo que saliera por mi boca me haría meter la pata.
Me rasqué la cabeza nerviosa, ella dé por echo que sí, que me iba a “escapar”, por lo que empezó a gritar y echarme la bronca mientras me señalaba agresivamente la puerta de mi dormitorio.
Castigada.
Castigadísima.
No dije nada en un buen rato.  Permanecí allí en silencio, sentada en la cama con la cabeza apoyada sobre mis piernas flexionadas.
Tenía la mente en blanco, tampoco es que oudiera pensar gran cosa sobre lo que podía hacer, ya que no había nada que hacer.
Se hizo la una de la tarde, mi estómago rugía y vergonzosamente me dirigí a la cocina.
Mi madre estaba allí, haciendo la comida pero solamente para una persona. Abría el frigorífico sin decir palabra, cogí un poco de tortilla que sobró del día anterior y me dispuse a calentarlo.
-¿No piensas darme explicaciones?- dijo irónicamente sin apenas mirarme a la cara.
-Si te las diera continuarías sin creerme.- respondí cabizbaja.
-Apenas lo has intentado.
-¿Y? Ya te conozco, llevamos diecisiete años juntas, ¿recuerdas?
-Exactamente por esa razón, me extraña mucho que intentaras hacer lo que has hecho.
-Mamá…
-Mamá nada. Vete despidiéndote, porque no vas a ver la luz del Sol en bastante tiempo.
-Necesito ir a Lond…
Interrumpió riendo irónicamente. Bufé y me marché furiosa a mi dormitorio. Esa furia rápidamente se convirtió en llanto. No exactamente de tristeza, que también. Si no de rabia, de impotencia.
De no poderla decir lo que significaba aquel viaje para mí, de no poder gritarla, o simplemente, huir.
Acabé poniendo entre lágrimas, de nuevo, su LP.
Ya que, al parecer no escucharía su voz después de mucho tiempo, tendría que refugiarme en eso.
La maleta seguía hecha junto a la puerta de la habitación. No había ganas, ni fuerzas para deshacerla .
En ese momento entró mi madre, no se que se la pasaría por la cabeza, pero se sentó a mi lado aunque yo apenas la dirigí la mirada.
-Paula, entiéndelo._ comenzó a hablar, a pesar de que yo intentaba demostrar que no escuchaba.- El domingo llegaste bebida a casa, últimamente sales mucho más, llegas tarde, no me cuentas nada. Apenas sé con quien vas, o donde, o cualquier cosa, y me pides que te deje ir a Londres. No sé, pero lo extraño sería que te dejase ir.
-No lo entiendes.- la dije a la par que negaba con la cabeza.
-Sí, sí lo entiendo, yo también he sido jover, hija.
-Cállate.
-No, no me voy a call...- la interrumpí gritando. Me levanté furiosa de la cama.
-Sí, mamá, cállate. Cuando tú “eras joven” estábamos en plena Guerra Mundia. Por suerte, yo no. Yo soy “libre”, si se puede decir así. No quiero quedarme encerrada toda mi vida en un piso de ochenta metros cuadrados. Quiero vivir, disfrutar, saber que es la adolescencia. Todavía no lo he podido saber desde que se fue papá. Y solo te pido que esta vez, una vez, me des una muestra de confianza. Ya te pedí perdçon por lo del sábado, pero si lo nocesitas de nuevo, perdón, pero síguemelo recordando. Algún día tendré trabajo, y puede que familia, ¿y sabes qué? Ahí mi adolescencia habrá terminado. Sólo te estoy pidiendo cuatro días, CUATRO. Pero haz lo que quieras, tú no pudiste disfrutar de tu vida, y ahora, lo pagas conmigo. Muchas gracias mamá, muchas gracias.

Tenía la respiración acelerada y los ojos llorosos después de haberla dicho aquello. Puede que algunas cosas no las pensara de verdad, pero ya se sabe. Muchas veces, en los momentos tensos dices cosas que no deseas, y yo por desgracia, tenía ese defecto muy “desarrollado”.
Ella me miraba quieta desde la cama, estaba pálida. No dije nada y agache la cabeza.
-Paula… Tan, tan, ¿tan importante es para ti?
-Sí mamá, ni te imaginas cuanto.
-Pero…- sontó aire- hacemos una cosa.
Sonreí, sonreí enormemente. Sabía que mi madre, en el momento en el que empezaba a hacer pactos, la partida estaba ganada.
-Te permito ir a Londres, con la condición de que cuando vuelvas me digas quienes son tus nuevos amigos.
Salté de alegría, Cogí la maleta y me dirigí a la entrada en prácticamente unos segudos. Rápidamente la dí un beso en la mejilla aceleradamente y me despedí.
-Vale, mil gracias mamá. No te defraudaré, en serio. ¡GRACIAS! Chao.
Corrí directa a la calle. Supongo que ya fuera, pegaría un pequeño salto de emoción, la gente me miraría como si estuviese loca pero, en esos momentos era lo que menos me importaba.
Fui rápidamente a casa de Paul y llamé impaciente al timbre con una sonrisa de oreja a oreja.
-Aiba, no te esperaba tan pronto.- sonrió.
-Créeme, mejor venir ahora y no esperar y que cambié de opinión.- dije mientras reía suavemente.
-Bueno, en ese caso, pasa.
Pasé, estaba todo más ordenado y recogido de como yo lo recordaba. Había una pequeña maleta contra la pared que estaba junto a la puerta del salor, acompañada de una guitarra y el bajo.
-Me debes un bajo.- le dije riendo.
-¿No me lo vas a dejar de recordar nunca?- rió.- Sí, me dormí, pero no fui el único, eh.
-Ya, pero si tú me hubieses dado conversación yo no me hubiera dormido.- le dije con tono de pique.
-El problema no fue que te durmieses, fue que no mirarás el viaje del autobús.- me sacó la lengua.
-Es que eres tonto.- reí.
-¿Pero qué he hecho yo ahora?
-Me debes un bajo, y punto.- seguí riendo.
Ya dejamos ese tema, preferimos ir a comer por ahí pues no había ganas de cocinar, ni mucho menos de rebuscar en las maletas.
Fuimos de camino a una bocatería, resulta que allí estaban John y Neus, estaban en la barra esperando, no se si a que les atendieran, o a que les cobraran, pero no se inmutaron de que Paul y yo habíamos entrado por la puerta.
-Ho...- me disponía a saludar pero Paul me tapó la boca con la mano para que me callara.
Fue sigilosamente detreas de John sin que este se enterara, Neus le vió, rió suavemente y disimuló que Macca no estaba ahí.
Lennon seguía a lo suyo, hablaba sin esperar lo más mínimo que Paul le fuera a hacer. Así, de repente, este le levantó el poco pelo que le caía sobre la frente y le despeinó aquel típico pelo a lo “teddy boy”.
John odiaba que le tocaran el pelo, y mucho más que lo despeinases, por lo que tuvo una especie de ira. Al parecer, estos dos hombres tenían telepatía, pues John, sin apenas verle se giró gritando.
-¡PAAAUUUUUL! Te mato, ven aquí.- extendió la mano hacia el cabello de Paul- Eres completamente subnormal- reía mientras continuaba intentando despeinar al otro y este lo esquivaba.
John acabo estresado, no gran cosa, pero lo suficiente como para tener que salir a fumar.
-¡ÉSTA TE LA GUARDO!- dijo riendo a Paul desde la puerta de salida antes de salir a encenderse un cigarro.
De repente apareció el camarero con aproximadamente siete bocatas envueltos en papel de aluminio.
-¿Y todo esto?- la pregunté a Neus sorprendida.
-Ah, es que John estaba seguro de que Paul no iba a ser capaz de llegar a Londres de un tirón y compro esto de cena.
-¿A comprado la cena?- dijo Paul riendo.- Y yo despeinándole…
Se acercó a la puerta donde John debería de estar fumando y se oyó gritar un “¡AMOR MÍO!” y un montón de risas.
Miré a Neus con cara de sorpresa mientras reía, ella me dijo que entre ellos dos era normal, por lo que me debería de ir acostumbrando.
Paul y John tardaron en entrar, y para “romper el hielo”, saqué tema de conversación con Neus.
-Bueno, ¿y qué vamos a hacer cuando lleguemos?
-Imagino que llegaremos tarde asi que cada uno hará lo que quiera. Paul estará cansado de conducir y se quedará a dormir, supongo. Pero los demás, ni idea de lo que haremos.
-Jo, ¿y por qué no aprovechamos y lo dejamos todo preparado allí?
-Eso se hará mañana por la mañana.
-No creo..- reí.
-¿Por?
-Porque si hoy salís mañana estaréis de resaca, y no creo que apetezca mucho deshacer maletas.
-También es cierto…- rió.- Ay, no se si te lo hemos dicho. Hay un pequeño problema…
-¿Qué pasá?- la miré extrañada.
-Pues… Solo hay tres habitaciones, cinco camas en total. Un litera, y dos de matrimonio. Bueno, y el sofá creo que se abré.
-¿Y?
-Pues… Una somos John y yo, la litera es para George e Inés, y…
-…-insití.
-¿Quién se queda la cama libre, tú o Paul?
-Paul, obviamente. Yo he venido casi de gratis así que no le pienso dejar en el sofá. No pasa nada, son tres noches, no me moriré.
-Pero tampoco es eso..
-Que sí, que no pasa nada. No importa, de veras.- sonreí.
-Bueno, ya se verá. No vas a estar tres días durmiendo en el sofá.
-Que sí, pero bueno, ya se verá.- sonrió.
En ese momento, John y Paul entraron, se sentaron a una de las mesas más cercanas a la puerta nada más entrar y nos hicieron un gesto de que nos acercaramos.
Comimos un poco, y como no había nada que hacer, decidimos acompañar a Neus y John a por sus maletas, y así luego sería más fácil todo.
Poco a poco pasó la tarde. Por fin eran cerca de las siete y George apareció ya por la casa de Paul. Inés se retrasó un poco más.
Ringo, bueno, Ringo ya sabemos que no nos acompañaría en este viaje, pero de todas formas John le llamó para comprobar si estaba seguro que se lo quisiese perder.
Al parecer sí, aunque prometió que se intentaría pasar algún día por allí.
Todo iba bien, ya era hora de marchar, así que empezamos a meter las maletas en el coche. Me disponía a sentarme en el asiento de atrás cuando de repente una voz gritó con sorpresa mi nombre.
-¡PAULA!
¿Adivináis quién era? Mi madre.


1 comentario:

  1. Te recuerdo que es el cumple de Ringo xD
    Y para lo larguillo que es el capitulo se me ha hecho corto :3
    Sube ya el siguiente xD

    ResponderEliminar