jueves, 27 de junio de 2013

Capítulo 13.

Miré a mi madre como pude, intentando demostrar que no había bebido. Pero resultó imposible.
Ya no es que solo tartamudeara y me fuese costoso encontrar las palabras, si no que, además no podía mantenerme recta sin tambalearme a los lados.
-No, mamá... Estoy perfectamente, un poco cansada...- me llevé la mano a la frente y resoplé mientras cerraba los ojos.
+Paula, a mi no me engañas. Que no, tú has bebido. Que no soy tonta.- dijo con un tono muy enfadado.
Permanecí callada, seguía apoyada contra la pared sin apenas mantenerme en pie.
Ella me empujó hasta mi habitación mientras pegaba los típicos chillidos de madre.
"Pero que tú no eres así","no sé con quién te estás juntando", "así no demuestras tu supuesta madurez", blah, blah, blah... No estaba como para atender a razones.
Me tumbé en la cama y ella dio un portazo en la puerta de mi habitación mientras se iba murmurando cabreada.
No sé exactamente bien como ocurrió, pero fue tumbarme y todo daba vueltas. Seguía sin apenas poder abrir los ojos, me retiré el pelo de la cara y me aparte del edredón.
Vomité. Sí, vomité. Quedaba claro, no estaba acostumbrada a este tipo de noches.
Cualquiera se reiría de mí. No sé beber, punto.
Por suerte, después de aquello me encontraba lo suficientemente bien como para poder conciliar el sueño. Pero no me molesté en recoger las sobras de la fiesta.
A la mañana siguiente, más temprano de lo normal, mi madre abrió la puerta  a gritos y levantó la persiana rápidamente. Supongo que quería recordarme lo que viene a la mañana siguiente, la resaca.
Y sí, lo demostró perfectamente. Mi cabeza sentía martillazos por cualquier pequeño ruido, y mis ojos no soportaban la mínima luz intensa.
Entró de nuevo, miró el vomito y se paralizó. Sin decir una palabra se dió la media vuelta. Por desgracia, sabía lo que había pasado.
-Mamá...- fui detrás de ella.- Perd...
Me interrumpió, antes de que pudiera terminar la frase me había encajado el bastón de la fregona entre los dedos y el cubo en la otra mano.
+Ya recogí muchos de esos con tu padre, no pienso permitir que tú acabes igual.
Buah, genial. Ya era suficiente los horribles síntomas resacosos como para que me recordara el tema tabú.
Mi padre. ¿Qué contar de mi padre? No fue nunca un buen modelo para mí, al menos lo que recuerdo de él.
Solo sé que mi madre sufría malos tratos, alguna vez delante de mis propios ojos, era un obseso con el dinero, con el juego, y con el alcohol. Para colmo, le era infiel a mi madre. Hasta que un día, por fin (si se puede decir así) después de darle un gran puñetazo a mi madre y dejarla tirada en el suelo, cogió las maletas y desapareció de nuestras vidas.
Creo que se fue a España, pero no sé nada de él desde hace diez años, y espero seguir sin tener contacto con mi padre.
El caso es que después de esas palabras, mis ojos se inundaron. Como comprenderéis lo último que quería era causarla dolor a mi madre.
Me despertaría temprano, me obligaría a pasear a la perra, no me dejaría ir a Londres (ahora seguro). Pero era mi madre, gracias a ella he podido seguir adelante sin necesidad de la figura paterna, y se lo debía.
Se me clavó en el alma, y sin decir nada regresé a mi cuarto, lo limpié todo y devolví la fregona a la cocina.
Ahí, sonó el teléfono.
-¿Sí...?- respondí sin ganas.
+Hola, soy Inés. ¿Está Paula?
-Sí, sí. Soy yo. ¿Pasa algo?
+No, solo quería preguntarte que tal. Ayer no estabas muy decente, y si no recuerdo mal, te pillaron bebida...
Solté aire.
-Por desgracia sí, mi madre estaba despierta...
En ese momento oí gritar a mi madre. "¿YA ESTÁS HABLANDO CON TUS AMIGOS ESOS, LOS DE AYER?"
Lo ignoré y continué pendiente del teléfono.
+Ay, ¿y eso? ¿Te castigarán mucho?
-Supongo, me será más difícil ir a Londres, pero...
+¿Pero?
-Confía en mí, que voy.
-Bueno, suerte. Y que se te pase pronto la resaca.
Reí suavemente y la colgué después de después de despedirme.
Mi madre me miraba mal, como intentando leerme la mente, para conseguir saber quién eran esas nuevas compañías que me estaban malinfluenciando.
Era simple, entra en mi dormitorio, coge cualquier foto de la pared. ¿Ves a esos cuatro? Ellos eran esa "mala influencia".
Al pensar eso lo recordé, tenía que despegar alguno que otro. Pasaba de que se repitiera la escenita con Paul, y que al entrar, se encontrara allí reflejado.
Quité algo más de la mitad. Quedaron dos de los Beatles, tres de Elvis Presley y uno de Buddy Holly.
Lo que pasó después si que fue muy gracioso. Mi madre empezaba a pensar que ya estaba cambiando hasta mis gustos musicales por las personas con las que iba.
¿Hola? En plenos años sesenta no había tanto por lo que decantarse, cuando prácticamente todo, o todo, era Rock&Roll americano.
Y más siendo ellos.
Así poco a poco pasó el día. Ella no me dirigía la palabra y de nuevo sonó el teléfono.
-¡HOLAAAAA!- gritó una vocecilla. Tuve que apartar el auricular del oído, o me explotaría la cabeza.
+¿Sí?- dije pesadamente.
-Soy Paul... ¿Que tal?
+Ah, hola. Pues sin más... No sé. Ha caído bronca.- reí levemente
-¿Sí? Joder... ¿Y Londres? Ah, por cierto, ayer ya te habías marchado para cuando ví tu regalo, pero que muchas gracias. No hacía falta, pero acertaste por completo.- Sonreí.
+¿De veras? No sé, algo me dijo que era lo perfecto para tí.- reí levemente- Y respecto a Londres... Haré lo que pueda...
-Mmmhh... Si tu madre esté enfadada o algo, entre todos los demás podemos ayudarte. Poner un poco más cada uno y así, a ti que te salga un poco más barato.
Solté aire. En parte me parecía muy buen gesto, pero por otra no quería parecer ninguna aprovechada ni nada. Además que a lo mejor mi madre apenas me dejaría salir de casa.
+No sé, Paul. Yo te digo mañana o pasado. Pero si hicierais eso realmente sería un gran favor.
Él alegró la voz.
-Yo hablo con los demás, tú despreocúpate si es por el dinero.
Pensaba contestar que no pensaba ir a Londres "de gratis" por decirlo así, pero colgó antes de que pudiese intervenir.
Colgué el teléfono y me dí una ducha, a ver si así conseguía relajarme, o descansar el cuerpo, o "liberarme de esos síntomas resacosos".
Algo, pero no podía más.
Sí que conseguí despejarme un poco, por lo que, en cuanto me tumbé en la cama caí rendida.
A la mañana siguiente me desperto el continuo sonido del timbre. Me desperte apenas sin ganas, al parecer mi madre estaba trabajando.
Ya era lunes, y el martes marcharíamos a Londres.
Abrí. SORPRESA. Eran George, John e Inés.
-¿Que tal, señora Castigos?- dijeron practicamente a coro mientras reían levemente.
+Ah, eh, buenos días. No os esperaba.- respondi aturdida mientras me frotaba los ojos por la luz deslumbrante.
Entraron, como se suele decir, como Pedro por su casa. Al principio, lo reconozco, esa actitud me dejó un poco a cuadros pero en otra parte, era una muestra de confianza, así que tambien me alegraba.
Pasaron al salón, yo seguía en pijama pero al parecer no les importaba.
-¿Queréis algo?- pregunté.
Todos se encogieron de hombros, menos Lennon.
+¿No tendrás una cerveza?- intervino.
Todos le miramos con los ojos como platos.
-John, son las nueve y media de la mañana.
+¿Y?- se encogió de hombros despreocupadamente- ¿Crees que en Londres no lo haré así? Vete acostumbrando.
Sonreí. En ese momento las palabras de McCartney me vinieron a la cabeza.
-Hablando de eso...- dije mientras entraba a la cocina a por una cerveza- Paul me dijo que me podríais ayudar un poco, pero no quiero ser ninguna carga.
Me ruboricé muchísimo, torcí los labios y bajé la mirada. Todos me respondieron con una sonrisa.
-Pues...- George fue el único que se dispuso a hablar.- Si no me equivoco, creo que la estancia allí son mil doscientas libras, más la comida, entre...- contó los que seríamos con los dedos de la mano mientras decía nuestro nombre por lo bajo- seis. Échale una quinientas libras, por si acaso.
Le miré sin decir palabra, me dirigí a mi cuarto. Estaba segura de que tenía, incluso, hasta ochocientas libras ahorradas.
Empecé a contar. Tendría que haber un error, apenas llegaban a las trescientas cincuenta.
Tartamudeé para explicarselo, y ellos rieron levemente. Al parecer no había problema porque pusieran un poco más de dinero cada uno, pero yo seguía incómoda por la situación.
Ya se marcharon, John me dijo que él lo hablaría todo con Macca, sin ningún inconveniente.
Al día siguiente, a las siete de la noche, como muy tarde deberíamos estar en casa de Paul para salir a tiempo y que no se nos hiciera demasiado de noche en el viaje.
Estaba contenta, alegre, entusiasmada. No me lo podía creer, ya faltaba menos para poder pasar varios días con ellos. Que como ya sabéis, eran muy importantes para mí.
Cerré la puerta de la calle con una sonrisa pero, esa sonrisa, en pocos segundos se borró.
¿Soy tonta? Había aceptado todo aquello sin saber de seguro si tendría el permiso de mi madre o no. Y lo más seguro, es que fuese lo último.
Ideé un pequeño plan. Sería de esas travesuras de adolescente. Un poco infantiles, pero necesarias.
Disimulé todo el día del lunes, sin ninguna novedad ni comentario respecto a Londres, y cuando ella se durmiera prepararía la maleta.
Y eso hice, por suerte, a la mañana del martes también trabajaría, por lo que no era ningún problema salir temprano de casa y si era necesario, comer fuera antes de quedar con el grupo.
Apenas dormí dos horas en toda la noche. Saldría de casa entre las diez y las once de la mañana, así que a las nueve empecé a preparar todo.
Cerca de las diez y cuarto terminé, pero para no dejarla preocupada y saber que estaría bien la dejé una pequeña carta en el mueble de la entrada.
«Mamá, perdóname, pero realmente necesitaba ir a Londres. Puede que algún día lo entiendas, o te lo cuente. O ellos suban a la fama y te acabes enterando. (No malpienses después de leer esto, por favor.) Realmente estaré bien, confió en las personas que me acompañan y me están prestando mucha ayuda. Supongo que te escribiré alguna carta, si no, igualmente regresaremos el sábado. Perdón, no me guardes rencor por esto.
              Besos, Paula.»

Lo dejé ahí sin más, agarré todo. Me disponía a salir de casa cuando de repente oí el ruido de las llaves al otro lado de la puerta.
Era ella, mi madre. Me quedé paralizada delante de ella con la maleta en la mano sin decir una palabra. "¡Sorpresa!" pensé.

4 comentarios:

  1. Estás aprendiendo a dejar intriga en los finales eh xD Vas para guionista ^^

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  2. Pero sigue puuuutaa Enserio,me estas poniendo de los nervios xD

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